Cuando creemos
en el Señor Jesús como nuestro Salvador, reconociendo nuestro pecado, el nos
salva y recibimos el don del Espíritu Santo, el Señor Jesús es nuestro nuevo
propietario y como nuestro dueño nos imprime el sello, aquel que nos ha sellado
a nosotros tiene poder suficiente para guardar a cada uno de Sus ovejas hasta
el día de la redención y todavía no tenemos nuestra herencia gloriosa; pero ya
tenemos la prenda.
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