En cada civilización y
cultura encontramos creencias, rituales, costumbres y reliquias religiosas. Los
seres humanos son incurablemente religiosos.
Estamos hechos para tener
compañerismo y comunión con Dios nuestro Creador. Nuestra verdadera naturaleza
es vivir vidas de continuo compañerismo con Dios para el cumplimiento de su
pro´pósito de la creación. No podemos escapar de este profundo aspecto de
nuestra naturaleza.
“Señor nos has hecho para
Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” Agustín
Pero la Biblia nos da a conocer
otra verdad acerca de nosotros. El pecado ha entrado en escena. Toda nuestra
naturaleza se tuerce, se distorsiona y se daña, de manera que ya no podemos
conocer a Dios por nuestros esfuerzos, sin contar con su ayuda. Sin embargo el
hambre de Dios permanece viva y activa en el corazón humano y trágicamente,
este se vuelca a la idolatría.
“El hombre o bien adora a
Dios o a un ídolo” Lutero. Isaías 43:10, 44:6.
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