En el
Antiguo Testamento se encuentra este nombre en Sal 8: 4; Dan 7: 13, y
frecuentemente en la profecía de Ezequiel. En la actualidad se admite casi por
lo general que el uso que el Nuevo Testamento hace de este nombre depende del
pasaje de Daniel. Este nombre fue el que Jesús usó más comúnmente para
designarse. Se aplicó el nombre en más de 40 ocasiones. La única excepción en
los evangelios se encuentra en Juan 12: 34, en donde aparece como una cita
indirecta de lo que dice Jesús; y en el resto del Nuevo Testamento solamente lo
emplean Esteban y Juan, Hech. 7: 56; Apoc. 1: 13; 14: 14.
El Dr.
Vos divide en cuatro clases los pasajes en donde el nombre aparece
1.
Pasajes que claramente se refieren al regreso escatológico del Hijo del Hombre,
por ejemplo, Mat. 16 : 27, 28; Mar. 8 : 38 ; 13 : 26; etc., y paralelos
2.
Pasajes que hablan particularmente de los sufrimientos y
la muerte de Jesús, y (algunas veces) también de su resurrección, como por
ejemplo, Mat. 17 : 22 ; 20: 18, 19, 28; 12 : 40, etc. y paralelos
3.
Pasajes del Cuarto Evangelio, en los que se acentúa el
lado celestial sobre-humano y la preexistencia de Jesús, por ejemplo, 1: 51; 3:
13, 14; 6: 27, 51, 62; 8: 28, etc.
4.
Un corto número de pasajes, en los que Jesús revela su naturaleza
humana, Mar. 2: 27, 28; Juan 5: 27; 6: 27, 51, 62. Es difícil determinar por
qué prefirió Jesús este nombre como designación propia. Originalmente el nombre
se consideró, por lo general, como un título de significado oculto, por medio
del cual Jesús intentó velar más bien que revelar su carácter mesiánico. Jesús
probablemente prefería este nombre, porque estaba del todo alejado de toda
posible malinterpretación judía del oficio mesiánico. Llamándose Hijo del
Hombre, Jesús impartía a su carácter mesiánico su propio espíritu centrado en
el cielo.
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