Hubo un
tiempo en que la realidad y la integridad natural de la naturaleza humana de
Cristo fueron negadas, pero actualmente nadie objeta en serio la verdadera
humanidad de Jesucristo. De hecho, hay en nuestro día un énfasis extremo sobre
su verdadera humanidad, un siempre creciente humanitarismo.
La única divinidad
que muchos atribuyen todavía a Cristo. Es nada más la de su perfecta humanidad.
Sin duda alguna, esta tendencia moderna es en parte una protesta en contra del
énfasis unilateral sobre la deidad de Cristo. Los hombres algunas veces han
olvidado al Cristo humano en su reverencia por el divino.
Es muy importante
sostener la realidad e integridad de la humanidad de Jesús admitiendo su
desarrollo humano y sus limitaciones humanas.
El esplendor de su deidad no debe
acentuarse tanto que se oscurezca su verdadera humanidad. Jesús se llamó
hombre, y así le llamaron otros, Juan 8: 40; Hech. 2: 22; Rom. 5: 15; I Cor.
15: 21.
El nombre con que más comúnmente se designa el mismo Jesús, "el Hijo
del Hombre", indique lo que indique, en verdad señala la verdadera
humanidad de Jesús. Además, se dice que el Señor vino o que fue manifestado en
la carne, Juan 1: 14; I Tim. 3: 16; I Juan 4: 2. En estos pasajes el término
"carne" denota naturaleza humana.
Hay también pasajes que demuestran que Jesús estaba
sujeto a las leyes ordinarias del desarrollo humano, y a las necesidades y a
los sufrimientos humanos, Luc. 2: 40, 52; Heb. 2: 10, 18; 5: 8. Se deduce hasta
el detalle que las experiencias normales de la vida del hombre fueron suyas,
Mat. 4: 2; 8: 24; 9: 36; Marc. 3: 5; Luc. 22: 44; Juan 4: 6; 11: 35; 12: 27;
19: 28, 30; Heb. 5: 7.
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