Desde
los tiempos primitivos, y más particularmente desde el Concilio de Calcedonia, la Iglesia confesó la
doctrina de las dos naturalezas de Cristo. El Concilio no resolvió el problema
que presentaba una persona que a la vez era humana y divina, sino sólo trató de
hacer a un lado las soluciones que se habían ofrecido y que eran claramente
reconocidas como erróneas. Y la
Iglesia aceptó la doctrina de las dos naturalezas en una
persona, no porque entendiera por completo el misterio, sino porque vio en ello
un misterio revelado por la
Palabra de Dios. Fue, y permaneció desde entonces para la Iglesia , como un artículo
de fe que está más allá de la comprensión humana.
Los ataques racionalistas sobre la doctrina no
escasearon, pero la iglesia permaneció firme en la confesión de esta verdad a
pesar del hecho de que una y otra vez se declaró que era contraria a la razón.
En esta confesión los católicos romanos y los protestantes permanecen hombro
con hombro. Pero desde la última parte del Siglo XVIII en adelante esta
doctrina ha sido blanco de persistentes ataques. Vino la época de la razón y se
declaró ser indigno del hombre aceptar, sobre la base de autoridad de la Escritura , lo que era en
realidad contrario a la razón humana.
Filósofos y teólogos individualmente trataron de resolver
el problema presentado por Cristo, a fin de poder ofrecer a la iglesia una
sustitución de la doctrina de las dos naturalezas. Tomaron su punto de partida
en la humanidad de Jesús, y aun después de un siglo de penosa búsqueda no
encontraron en Jesús más que un hombre con un elemento divino en El. No
pudieron levantarse hasta el reconocimiento de El cómo su Señor y su Dios.
-
Schleiermacher habló de un hombre con una suprema
conciencia de Dios;
-
Ritschl, de un hombre que tuvo el valor de un Dios;
-
Wendt, de un hombre que permanecía en una íntima y
continua comunión de amor con Dios;
-
Beyschlag, de un hombre lleno de Dios, y
-
Sanday, de un hombre con una irrupción de lo divino en la
subconsciencia pero Cristo es y sigue siendo únicamente un hombre.
Posteriormente otras líneas teológicas despojarían a
Cristo de su verdadera deidad y lo reducirían a dimensiones humanas. No
obstante, en la actualidad toda la epistemología de los siglos anteriores está
a discusión, y la suficiencia de la razón humana para la interpretación de la
verdad última se encuentra seriamente controvertida. Hay un nuevo énfasis sobre
la revelación. Teólogos muy influyentes como Barth y Brunner, no dudan en
confesar su fe en la doctrina de las dos naturalezas. Es de gran importancia
sostener esta doctrina tal como fue concebida por el Concilio de Calcedonia.
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