El
nombre "Señor" se aplica a Dios en la Septuaginta 1. Como el
equivalente de Jehová
2.
Como la traducción de Adonaí
3.
Como la traducción de un título honorífico humano aplicado a Dios (el
principal, Adon), Jos. 3: 11; Sal 97: 5.
En el
Nuevo Testamento encontramos una parecida y triple aplicación del nombre a
Cristo 1. Como una forma cortés y respetuosa de dirigirse a Él, Mat. 8: 2; 20:
33
2. Una
forma que expresa propiedad y autoridad, sin implicar nada del carácter divino
de Cristo y de su autoridad, Mat. 21 : 3 ; 24 : 42
3. En
la forma que expresa un elevado carácter, con la más elevada connotación de
autoridad, y de hecho, equivalente prácticamente al nombre Dios", Marc.
12: 36, 37; Luc. 2: 11; 3: 4; Hech. 2: 36; I Cor. 12: 3; Fil. 2: 11. En algunos
casos es difícil determinar la connotación exacta del título. Sin duda, después
de la exaltación de Cristo, el nombre se aplicó generalmente a Él en el más
elevado sentido. Pero hay ejemplos de este uso aun antes de la resurrección, en
donde la importancia divina, de modo práctico, del título ya ha sido alcanzada
evidentemente, como en Mat. 7: 22; Luc. 5: 8; Juan 20: 28. Hay una grande
diferencia de opinión entre los eruditos respecto al origen y desarrollo de
este título tal como se aplica a Jesús. A pesar de todo lo que se ha adelantado
en el sentido contrario, no hay razón para dudar que el uso del nombre, en la
forma que fue aplicado a Jesús, tiene su raíz en el Antiguo Testamento. Hay un
elemento constante en la historia de este concepto, y es el sentido de derecho
de propiedad con la debida autoridad. Las epístolas de Pablo sugieren la idea
adicional de que es una autoridad y derecho de propiedad que descansa sobre los
derechos adquiridos precedentemente. Es dudoso si este elemento ya está
presente en los Evangelios.
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